Magnificencia y mística en las alturas

Nos despertamos a las 4:30 a.m., el ambiente estaba frío afuera. Desayunamos en el hotel antes de ir a tomar el bus. El sol aún no salía y el vacío se percibía como un celeste melancólico. Había algo de movimiento, pero poco, excepto cuando llegamos a la estación, donde ya se formaba una larga fila para la partida hacia una de las maravillas del mundo: Machu Picchu.

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