Lejanía. Pensamientos suscitados a partir de una obra de teatro

Cómo escribir a una persona imaginada. Relato de una ensoñación inesperada.

Cómo escribir a una persona imaginada, es algo que quizás no pueda hacerse. Lo imaginado se transfigura en un repositorio de sentimientos y pensamientos que se basan en lo vivido y experimentado a lo largo de una vida. O quizás más. Quizás, a lo largo de una centuria. O más.

Te he buscado por 500 años. Has estado allí, en cada momento a lo largo del tiempo, dejando recuerdos, dejando huellas, dejando tu esencia. Has estado en cada siglo, y mi mente impregnada de ti ha intentado adaptarse a cada nueva situación moderna de vida, a cada nueva persona, a cada nuevo estilo de vida, a cada nueva geopolítica, a cada nuevo clima, a cada nueva sensación en el ambiente, a cada nueva sensación de cambio, y en fin, a cada nueva era.

Yo mismo he andado ampliamente, con la mirada en el vacío entre interacción e interacción cuando no ha habido alguien en quien poner la atención. Un vacío de confusión, de una nostalgia que no puedo trazar. Es el presente, pero ¿dónde se encuentra aquel pasado? ¿Has llegado realmente a existir? No te he vivido jamás, pero te encuentras tan presente en mí, en mis pensamientos, en ese imaginario que trae a colación la idea de un sentimiento que jamás se materializa en mi presente, ya que solo contigo podría vivirse.

Pero ¿cómo puedo estar seguro de algo así? ¡¿Es acaso posible?! Arrastro un recuerdo no vivido desde hace 500 años. He estado allí, pero a la vez estoy acá y ahora. He estado en cada uno de los días transcurridos, al iniciar y finalizar cada siglo, en cada amanecer y anochecer, en cada árbol que crece y cada roca que se sumerge en el mar y se deja llevar. Mi mente está tan recorrida, como si pudiera ser la síntesis de una vida imposiblemente longeva, aunque mi cuerpo sea el de una persona de algo más de treinta años.

Infinito cuerpo, o infinito espíritu. Soy de otro siglo, pero tú eres de toda la vida. Con tu eterna ternura, el brillo en tus ojos y tu rostro caído en la hermosura. Seráfica. Algún día me volveré a cruzar contigo, algún día te veré caminando por la acera en alguna alborotada ciudad, donde el tiempo esté haciendo presa de todas las almas. Allí estarás, con tu mirada firme y avanzando hacia tu destino, o tus mil destinos; y, si me ves, seré solo una hormiga más, una mancha más en el ambiente, un soplo de aire que se va con el resto del polvo. Pero si yo te veo, no solo no te seguiré, sino que no te buscaré más. Al fin y al cabo, eres de otro siglo, de otra era, de otra vida, y yo, tan sólo, de este presente.

O quizás ya te encontré y te encuentras a mi lado. Quizá seas esa persona a quien abrazo, beso y duermo a su costado. Quizás ya seas la representación de mi felicidad en lo que llamo actualidad. O quizá ya sea hora de despertar del ensueño y seguir andando.


Foto de portada: Pexels.

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