El edificio de enfrente

Desde hace ya algunos meses se viene construyendo un edificio de seis pisos para vivienda frente a mi casa. Por 24 años tuvimos a una familia vecina con la cual la mía formó una buena amistad. Sin embargo, tomaron la decisión de partir y vender su casa a una empresa inmobiliaria, la cual, por supuesto, proyectó hacer lo previsible.

Este ha sido muy brevemente el contexto. Ahora, a los hechos. Los obreros de esta construcción han solido ser insufribles en cuanto a la bulla vocal que han hecho cada día de 7 a.m. a 5 p.m., menos la hora de almuerzo, a punta de llamadas a gritos, a veces para poder dejarse escuchar, otras para descargar tensiones, otras para bromear y otras por puro ego. El edificio ya está bastante avanzado, aunque aún se ve como un gran bloque de cemento.

No obstante, algo cambió ayer. No solo se veía menos obreros, sino que estaban mayormente en silencio. Y hoy, la jornada demoró en empezar. Mientras yo me encontraba pintando una casita de cartón, de la cual ya hablaré posteriormente, empecé a escuchar, desde el garaje de mi casa, los gritos del supervisor de obra, totalmente alterado, contra los obreros.

¿Qué había pasado? Pues, según lo que inevitablemente escuché, resulta que no se había pagado a los trabajadores, ni mucho menos se había cumplido una promesa de aumentar el 50% del pago de determinado día si, hasta su finalización, se culminaba hasta cierta parte del proyecto. Al parecer, los obreros mostraron su protesta decidiendo no trabajar. Luego de una reunión que se convocó en ese momento en aras de aclarar las posturas, continuó la obra, no sin que el supervisor comunicara que iba a tener que descontar a todos la hora y media que se había perdido en el día por esta disyuntiva.

Entre los argumentos que este supervisor dejaba a conocer en sus gritos rabiosos más tempranos (antes de la reunión), señaló que de todas maneras se iba a pagar, por lo que no había razón para la protesta. Asimismo, altivamente, responsabilizó a los obreros por la eliminación del ofrecimiento del 50% adicional, ya que no habían cumplido con lo establecido.


Esta escena cae a pelo en estos días, ya que he venido escuchando recientemente, en videos, las disertaciones de un popular abogado chileno bastante formado y leído en temas económicos cuyo nombre no mencionaré (aunque seguro deducirán quién podría ser si escuchan sobre estos temas), y que, por su capacidad magistral de argumentación, despierta mi admiración aunque concuerde solo parcialmente con lo que expresa.

Él es un ferviente opositor del socialismo y le da sus mejores perspectivas al capitalismo liberal y neoliberal. La verdad es que, en mi opinión, no existen solo blancos y negros. En ese sentido, si bien él sustenta de manera muy completa sus puntos de vista, para lo cual se basa en un enfoque teórico-técnico y emplea información muy precisa, me atreveré a decir que, guardando las distancias con mi persona ya que él está en un nivel mucho más avanzado que yo, me parece que falla en ver estas interacciones del “cotidiano” del mundo laboral capitalista, representadas en el ejemplo de la construcción de una obra donde un supervisor, a través de unas cuantas palabras dichas prepotentemente, deja a saber parte de la perversidad del ala oscura de este sistema:

  • Es un favor el que te hago al contratarte. A mí no me interesa tu vida personal ni las dificultades que puedas tener, ni mucho menos tus principios. Si no hay plata para pagarte, pues te aguantas. Tú tienes que seguir trabajando callado y se te pagará cuando se pueda. Aquí lo único que importa es que la empresa no se perjudique. Por lo tanto, debes permitir que esta pase por encima de ti.
  • Coloco sobre ti la responsabilidad por lo que no se logró. En otras palabras, te tienes que hundir con lo que considero que es tu fracaso. En caso contrario, de no haber fracasado, podría haber cumplido con la (pseudo)promesa que te haya hecho. Sin embargo, puedo seguir haciendo otras (pseudo)promesas para motivarte, pero sabiendo que no necesariamente es posible que puedas lograr lo que solicito. Así, puedo culparte si no terminas y no pagarte ningún adicional.

Y hay una más ante la frase: “No sé por qué se van si nadie los ha botado” (sobre quienes se habían retirado):

  • Para mí no eres una persona pensante que pueda deliberar y tomar una decisión según las conclusiones a las que podrías haber llegado, sino tan solo un cumplidor de órdenes sin capacidad de razonamiento y atado a lo que yo despóticamente mande.

Por supuesto, recalco que me refiero al “ala oscura” del capitalismo. Como lo venía mencionando, no creo en los blancos y negros. En definitiva, a nivel técnico, el capitalismo puede resultar de inmensa utilidad para cualquier nación. Asimismo, en cuanto al liberalismo, generalmente ligado al capitalismo y la economía de libre mercado, me identifico con buena parte de la visión liberal que proclama Mario Vargas Llosa en su ensayo La llamada de la tribu.

Sin embargo, existe este otro lado de este sistema que, en la práctica, se sustenta sobre ideas y conceptos absolutamente deplorables.


Escrito el 12 de febrero de 2019.

2 comentarios en “El edificio de enfrente

  1. Para pensar… como decís no hay blancos y negros, y tampoco creo que las tintas estén solamente en los modelos económicos o de gobierno…. pero me quedo pensando…. hay algo que me viene dando vuelta en la cabeza de hace tiempo… acaso los modelos de “liderazgo” no habrán entrado en alguna forma de crisis????

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  2. En definitiva. Quien piense que todo se trata de blancos y negros está destinado a renegar mucho en su vida, ya que le costará llegar a entendimientos y construir conocimientos de manera conjunta. Indudablemente, existen prioridades y cada quien puede defender una posición. Sin embargo, otras posiciones también existen y son válidas.

    Sobre los modelos de liderazgo, no diría que están en crisis, pero sí que sirven a propósitos definidos. Es más, hasta existe la pregunta, ¿por qué debe haber un líder? El esquema del liderazgo individualista, donde la persona escala posiciones y alcanza el éxito, si bien puede ser útil en el mundo empresarial, flaquea en otros ámbitos de la realidad, ya que hay muchos más factores en juego. Incluso, en la propia empresa, se pasa por alto (o se otorga solo una mención honrosa) a las personas que permitieron un éxito personal, a las características del mercado en que está ubicada esa empresa, a las “permisividades” que el gobierno podría haber dado a la empresa, e incluso a los propios juegos políticos de esta, incluyendo actos de corrupción (ejemplo, Odebrecht).

    ¡Gracias por comentar!

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