Si volviéramos a ver

Ella se acerca hacia el grupo de campesinos reunidos, quienes despliegan en sus ojos la luz de la curiosidad e impresión por lo que estaban viendo en unos documentos que pasaban de mano en mano. Ella siente que el grupo no debería estar inmerso en esas distracciones y lo manifiesta mientras avanza. Ni bien llega, un compañero le alcanza una de las fotos y le dice que ella está allí. Ella se reconoce y al contexto de la imagen, y su determinación inicial pasa a ser la de una descripción de lo que está observando. A medida que las palabras son pronunciadas, su voz empieza a quebrarse. Las palabras se tiñen de aflicción y, a través de su dolor, un dedo presiona el botón de la emoción que hace brotar lágrimas de mis ojos. Es una sensación de mucha tristeza la proclamada por su tono de voz. Tantas muertes, tanto abuso. La lucha por la sobrevivencia, la victoria de la vida, el recuerdo de quienes se fueron y el amor por esas personas. Ahora, luego de más de 30 años, una foto está en sus manos y sentimientos que ya se encontraban asentados en un rincón de su corazón afloran, y son acompañados por los de quienes se hallan en unidad con ella en ese momento.


Afiche. Imagen extraída de página web de CCPUCP.

Volver a ver es un documental de Judith Vélez estrenado el 5 de agosto de 2018 en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú como parte de 22° Festival de Cine de Lima. El documental tiene como protagonista al trabajo realizado por tres fotógrafos reporteros del conflicto armado que asoló al país en los 80 y 90: el ayacuchano Óscar Medrano, la peruano-alemana Vera Lentz y el argentino Alejandro Balaguer.

Cada quien, en un año específico de los 80, viajó a un punto distinto de la región de ayacucho y captó escenas que no solo mostrarían aspectos actuales de lo que estaba viviéndose en aquellos momentos, sino que serían imágenes de inmensa trascendencia para la posteridad.

Como el caso de Medrano, quien estuvo en el centro poblado de Huaychao, distrito de Tambo, provincia de La Mar, en 1983, y fotografió a un conjunto de comuneros que habían eliminado a siete senderistas y que posaban alrededor de donde los habían enterrado. Cada persona allí retratada fue asesinada poco después por Sendero Luminoso. O el caso de Lentz, quien estuvo en el distrito de Acos Vinchos, provincia de Huamanga, en 1984, donde registró la organización de los primeros grupos de autodefensa comunal frente a la invasión terrorista. O el caso de Balaguer, quien llegó al centro poblado de Cochas, distrito de San Miguel, provincia de La Mar, en 1986, donde un día antes los terroristas habían provocado el destrozo total (Adrianzén, 2018).*

Ellos vuelven a esas comunidades mucho tiempo después, más de 30 años (el documental empezó a rodarse en setiembre de 2015, según información de Prado, 2015). Cada uno lleva una serie de fotos impresas en gran escala y enmarcadas para ofrecerlas y que puedan montarse en exposiciones permanentes en cada lugar, como un reflejo de la lucha y la fortaleza comunitaria para sobresalir de en medio de la penumbra.

Los encuentros son emotivos, llenos de historias y reflexiones, llenos de recuerdos e imágenes, y la siempre necesaria identificación y reconocimiento de las personas cuyos rostros, copados de expresiones que dicen más que las palabras sobre una época, se muestran firmes desde las fotografías que sostienen las manos o las colgadas en la pared.

Cada historia, contada luego de aquellos 30 años, es particular y algunas son de una crudeza incalculable. A veces, hay llanto, ya que el recuerdo puede destapar los sentimientos de dolor más profundos. Como señala Fowks (2018), “Las personas se reconocen, lloran, recuerdan sus traumas y también cuentan con orgullo cómo vencieron a Sendero Luminoso”. Asimismo, en palabras de la directora, citada por Adrianzén (2018), “La película te deja un sabor diferente, el de una mirada de empoderamiento del campesino y no en su rol de víctima, que es lo que se ha subrayado siempre”.

Me genera gran tristeza lo que las familias campesinas afectadas por el conflicto armado vivieron, pero a la vez la sangre arde con fervor por mis venas cuando pienso en su resistencia emocional y las acciones que tomaron para defenderse y luchar por los suyos, con todo el ingenio que pudieron tener para organizarse y hacer frente a la desventaja en armamento. Y, a pesar de las bajas, saber que la fortaleza de todos, ya sea defensores/as en las armas o protectores/as del hogar y la familia, pudieron darle un futuro a sus comunidades mientras existió una posibilidad y vencer al terror.

*Estos son los principales lugares visitados para el documental. En definitiva, cada periodista hizo más viajes y registros fotográficos durante la era tratada.

Entrevista con plataforma de periodismo La Mula

Referencias bibliográficas

Adrianzén, J. (2018, 26 de julio). Corresponsales de Guerra. Caretas, 2549. Recuperado de aquí.

Fowks, J. (2018, 4 de agosto). Un río de historias de la posguerra peruana. El País. Recuperado de aquí.

Prado, C. (2015, 27 de agosto). Reporteros de Guerra. Caretas, 2400. Recuperado de aquí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s