Caiga quien caiga, la película. Una experiencia

No podemos doblegarnos


Caiga quien caiga es un thriller peruano dirigido por Eduardo Guillot y escrito por Alejandro Maci, basado en el libro de José Ugaz, del mismo nombre. Narra la historia de la caída de Vladimiro Montesinos, quien fue jefe del extinto Servicio de Inteligencia Nacional y brazo derecho del expresidente Alberto Fujimori, junto con el cual dirigió la dictadura de la década de los noventa y que se convirtió en, prácticamente, el periodo más nefasto de la historia del país en cuanto a corrupción gubernamental, desde la que se perpetraron, además, crímenes de lesa humanidad.

La caída de Montesinos condujo, no mucho después, a la caída de Fujimori, sobre la base de un gobierno no solo deslegitimado, sino despreciado por todos aquellos que deseaban ver al Perú levantarse otra vez. ¿Quién fue (es) José Ugaz? El Procurador Ad Hoc designado el 2000 para dirigir las investigaciones contra Montesinos. Él escribe el libro, publicado por Planeta el 2014, y sobre este documento se adapta el guion para la película, estrenada el 23 de agosto de 2018.

La película

Su éxito de taquilla no tuvo su equivalente en la crítica. Sin embargo, sí hay un reconocimiento a su potencial “informador”. En definitiva, en un momento en que nuevos destapes de corrupción se estaban dando en el país e indignando a tanta gente, se estrena esta película para recordar a peruanos y peruanas aquello que fue, e intrínsecamente motivar el jamás bajar los brazos frente a dicho flagelo. ¿Qué es lo que pude ver? Pues un filme estéticamente bien logrado, aunque uno que hubiera preferido, en principio, que muestre con mayor notoriedad una perspectiva de pasado en términos visuales. Sin duda, en ese aspecto, lo sentí muy actual, a pesar de que las acciones corresponden a 18 años atrás respecto de cuando lo vi. No obstante, es una cuestión de estilo.

Otro punto en que coincide la crítica es en resaltar la figura de Miguel Iza como intérprete de Montesinos, una de las figuras actorales más reconocidas y de mayor trayectoria en Perú, aunque suele andar de perfil bajo. Iza –que cuenta en una entrevista con Estefany Barrientos (2018) que no leyó Caiga quien caiga, el libro de Ugaz, sino una biografía de Montesinos, y que no estaba interesado en imitar al personaje sino en construirlo a partir de lo que este había vivido– hace una interpretación fantástica de su parte del guion. Lamentablemente, o quizás sea lo contrario, en aquella década de dictadura no estuve con la mente puesta en el acontecer político del país, sino en mi vida escolar y el ser niño y adolescente. La política era un tema colateral, y quizás fue por ello que, desde temprano, no me gané una decepción respecto de mi país. Mi pensamiento es más amplio ahora, por supuesto, y el asunto de la decepción ya solo la manejo respecto de ciertas tajadas de una torta. Lo dejaré ahí por ahora.

Volviendo a la película y en relación con lo mencionado, no podría haber sabido cómo era Montesinos. Tan solo tengo ráfagas de imágenes en la mente. Entonces, no puedo realmente saber hasta qué punto la caracterización de Iza lo refleja en sus gestos y movimientos y su hablar. Sin embargo, no creo que, en este caso particular, deba haber sido necesario tener ese conocimiento previo, y el motivo es que el actor presenta con creces un personaje en quien vi a ese ser corrupto y traidor a la patria que tanto daño hizo. En pocas palabras, Iza es absolutamente creíble en cada detalle con que construyó a Montesinos.

Quien, por su parte, recibió dura crítica fue Eduardo Camino, intérprete de José Ugaz. Grace Mora (2018), en una nota para La República, critica que no llegó a tener “empatía” con su personaje y en parte responsabiliza al guion. Junto con ello, resalta la innecesariedad de las “interacciones amorosas” con el personaje de ficción de la actriz Karina Jordan, la periodista Marina, que trabaja para IDL (Instituto de Defensa Legal). Sin embargo, Guillot, el director, no solo defiende a este personaje, Marina, por el resalte del potencial de la juventud (“Caiga quien caiga, thriller sobre la corrupción”, 2018), sino que, en una entrevista con Rumi Ceballos (2018), expresa su impresión con el compromiso del elenco para contar la historia en cuestión.

Caiga quien caiga, fuera de la trama representada, es un certero thriller. La continuidad no se pierde, se mantiene el suspenso, hay un desarrollo claro de las escenas y la secuencia, combina momentos que promueven sentimientos diferenciados y deja abierta la mente para el análisis silencioso (o conversado). Sin embargo, si tomamos en cuenta la realidad de la trama representada, si bien la selección de hechos para la interpretación es positiva, considero que faltó mayor profundidad en cuanto a la sensación de crisis en el país, más allá de que gran parte de las escenas se desarrollaran en espacios cerrados (oficinas, habitaciones, salas de reunión, etc.). Ello no le quita, no obstante, su valor cinematográfico ni histórico, que ya he expresado. Caiga quien caiga nos lleva a ese momento crucial de nuestra historia en donde el país se mantenía en vilo después de tanto abuso institucional, a partir de lo cual la esperanza intentaba resurgir y la visión de un mejor futuro se sentía cerca, aunque el devenir fuera incierto.

Afiche de la película. Descargado de IMDb.

Miguel Iza en entrevista con Laura Tarrillo (2018)

«Era heroico. El teatro necesita gente sensible. El otro día un chico de mi taller me preguntó: Profe, ¿Abimael Guzmán tiene algo que ver con Sendero Luminoso? […]

Le dije: Ves por qué tenemos que hacer teatro. Nos han obligado a vivir como si no hubiera pasado nada, a olvidar todo por lo que hemos luchado. Seguramente todavía podemos caer más bajo, pero todavía creo que hay una generación que puede evitarlo. Y hay otra, que es la mía, que debe estar ahí para recordar y joder. Nosotros ya no podemos hacer la revolución, por más que quiera, no tengo autoridad. […]

En el año 1998, le pedí a un amigo ser su asistente en un show. En un momento se apagó la luz y salió. Creo que era Jorge Pardo. Ah… ya me voy a poner a llorar, para que veas, de verdad, cómo tocó lo que hizo. Bueno, dijo: “Quiero pedir disculpas a nombre de nuestra generación porque nunca hicimos nada para evitar lo que pasó”. Y yo lloraba.»

Significación

Hay una escena en que Ugaz visita a su padre en el hospital por un serio problema de salud que estaba viviendo, una imagen, quizás, de lo que era el Perú en esa era. Un ser con una enfermedad frente a la que no debes desfallecer. Está allí, presente, pero debes luchar contra ella. No queda otra alternativa. Ese padre mira a su hijo a los ojos, su enfermedad no era el reflejo en su mirada: van a intentar doblegarte, mantente firme. Hay un país que debe sanar, y ello cobra una magnitud suprema como idea. Hay una lucha donde los brazos no pueden bajarse. Lo sabía el personaje del padre y se lo transmite al personaje del hijo. Es ese país, la casa de ambos, y la de millones, donde se debe construir el futuro, donde se debe salvar el futuro para que pueda existir una vida digna para todos sus integrantes. Pero ese país viene enfermo, en decadencia. Es momento de seguir. No te preocupes por mí, yo estaré bien. No te doblegues. Ya es el nuevo milenio y el cáncer debe extirparse, no puede seguir evolucionando en los años que están por venir. Más adelante, al país le tocará luchar otra vez, pero ahora (en ese momento), es hora de mantenerse firme y avanzar.

Veo esta película en la noche del 25 de agosto de 2018. Ya el 10 de julio de este año había empezado a propagarse en los diarios el inmenso destape de los audios de la corrupción, que eventualmente condujeron a una revolución en el Congreso y el Sistema de Justicia peruanos, y a la vivencia de nuevas subjetividades por parte de la población en relación con la indignación frente a la corrupción y la identificación con un presidente –Martín Vizcarra– como no había existido en mucho tiempo. Hay susceptibilidad en el ambiente. La corrupción ya no puede ser “lo normal”. La gente aplaude al finalizar la película y seguramente lo hacen en cada función. Observamos un extracto de cómo fue el inicio de la caída del gobierno corrupto del dictador condenado por crímenes de lesa humanidad Alberto Fujimori, una caída que nos permitió, como país, proyectar un futuro una vez más; aunque no íbamos a saber que, después del gobierno de transición de Valentín Paniagua, que duró solo ocho meses y donde se planteó una agenda anticorrupción, la cual no sería tomada en cuenta, presidente tras presidente desde allí iba a ser partícipe de una cadena de corrupción que Vizcarra, con el vitoreo de la población, la prensa seria, los pocos congresistas probos y la magnífica camada de fiscales y jueces que han pasado a primer plano, está tratando de destruir en la actualidad.

Sin embargo, sigue siendo 25 de agosto por la noche y esta película, con esa escena, está moviendo mis sentimientos, y seguramente los de más de uno. Se me hace un nudo en la garganta, y ahora me reafirmo en que debemos, como ciudadanos y ciudadanas, librar al país una vez más. Y lo haremos desde las acciones que realizamos cada día, desde nuestros valores, desde nuestra oposición a lo que está mal, desde nuestro esfuerzo por lograr que lo que estamos haciendo resulte bien, desde la incidencia que podamos generar, desde el voto que podamos proveer, desde el dar un paso al frente y sin mirar al lado.

Como señala Mora, ¿no es irónico que haya sido el mismo Fujimori que designó a Ugaz para que investigue a Montesinos cuando este era su hombre de confianza? Pues, en el mundo de la corrupción, no existe palabra sólida, hay un pellejo por salvar y una falsa imagen que cuidar. Gente de esa calaña ya no debe existir dirigiendo al país, ni ser habitante en este. Que se vaya lejos, a una isla, donde no haya nadie sobre el que pueda ejercer el poder que tanto anhela, por el que está dispuesta a pisar a quien sea. Cayó Montesinos y Fujimori y muchos de su entorno corrupto, y es hora de que los corruptos de hoy, “nuestros corruptos”, como diría el magnífico fiscal José Domingo Pérez, sean aplastados cual cucarachas y podamos, al fin, realmente al fin, tener un periodo que pueda ser recordado como aquel en que el país se unió para derrocar la corrupción. Más adelante, le tocará luchar a las generaciones futuras. Si estamos vivos, allí estaremos una vez más para aportar lo que podamos aportar, lo que debamos aportar, y salir a la calle a levantar nuestra bandera de nuevo. Que no desfallezca jamás el amor por nuestro país.

Tráiler

Referencias bibliográficas

Barrientos, E. (2018, 9 de agosto). [Entrevista a Miguel Iza, actor: “La gente debería volver a interesarse por la vida política del país”]. La República. Recuperada de https://larepublica.pe/espectaculos/1294479-gente-deberia-volver-interesarse-vida-politica-pais

Caiga quien caiga, thriller sobre la corrupción. (2018, 17 de agosto). La República. Recuperada de https://larepublica.pe/espectaculos/1299756-caiga-caiga-thriller-corrupcion

Cevallos, R. (2018, 20 de agosto). [Entrevista a Eduardo Guillot, director: “Caiga quien caiga se deja ver, con buenas actuaciones y buena historia”]. La República. Recuperada de https://larepublica.pe/la-contra/1301453-caiga-caiga-deja-ver-buenas-actuaciones-buena-historia

Mora, G. (2018, 30 de agosto). ‘Caiga quien caiga’, la película que terminó desplomando una buena propuesta. La República. Recuperada de https://larepublica.pe/cultural/1308558-caiga-caiga-largometraje-termino-desplomando-buena-propuesta-video

Tarrillo, L. (2018, 4 de setiembre). [Entrevista a Miguel Iza, actor: “Nos han obligado a vivir como si no hubiera pasado nada, a olvidar todo por lo que hemos luchado”]. La República. Recuperada de https://larepublica.pe/la-contra/1311407-han-obligado-vivir-hubiera-pasado-olvidar-hemos-luchado

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