El hilo fantasma. Percepciones. Parte 4

No había ya nada que ocultar ni apariencias que guardar…


En una calmada noche, una de calidez en el frío y alta expectativa, iluminados solo con una tenue luz al ras de los objetos, ella le cocinaba un platillo a su esposo, quien la esperaba en la mesa. No había ya nada que ocultar ni apariencias que guardar. Ella había salido, una vez más, tras los benditos hongos, y los tenía en su mano ahora, preparando lo que, por mandato de su autoestima, debía preparar. Lo hacía delante de él, con paciencia. Ya no había movimientos ni intenciones furtivos. La complicidad en su silencio compartido era notoria.

Al terminar, llevó el plato y se lo entregó, luego de lo cual se sentó frente a él y se mantuvo mirándolo, como preguntándole con los ojos: “Deseo saber si te embarcarás en este devenir conmigo”. Él, sosteniendo su mirada, se sirvió, totalmente dispuesto. Y, mientras sus ojos estaban conectados, ella, con una honestidad brutal, le confesó la forma en que quería amarlo, aunque no sería una manera que, con anticipación, pudiéramos imaginar. Él, después de escucharla, con la mirada fija en la suya, tratando de descifrar sus ojos y una sensación mixta de intriga y placer por la expectativa, terminó de pasar el bocado que venía masticando. El primero de ellos. Había quedado expuesto, y lo deseaba.

Ya no había más turbulencia. Lo que dejó a conocer implícitamente al tragar con gusto el bocado fue: “Sí, acepto”. No más caretas, no más falsa amabilidad. Había decidido entregarse a una relación devenida en lo perverso, donde él obtendría la recepción de alguien que lo dominaría y engreiría, y ella, el cobijo de alguien que le ofrecía una vida más acomodada y llamativa y que satisfacía, además, su deseo de ser protegida. Eran la una para el otro inmersos en una relación perversa, donde cada quien recibía lo necesario sobre la base de una honestidad a flor de piel para satisfacer sus obsesiones. Y así vivirían, y así seguirían, juntos en este nuevo “juego” creado por ambos, con la mirada aprobatoria de Cyril, y gozarían de la mutua compañía en cada etapa posterior pese a lo que pesara.

Afiche de la película. Descargado de IMDb.

He terminado muy complacido por El hilo fantasma. Hay mucha elegancia y calidez artística en el ambiente retratado. No hay líneas que sobren ni escenas que no valgan la presencia. Y, además, si hay un elemento fundamental que no puede dejarse de lado, es el trabajo de la banda sonora. Lo que escuchas mientras ves el filme deja absorto al oído, melodías a base de piano que he llegado a repetir una y otra vez al pasar los créditos, ya que me proveían de la mejor inspiración para un texto que me encontraba escribiendo.

He llegado a leer que esta sería la última película de Daniel Day-Lewis, a quien considero un actor de los mejores en la industria cinematográfica y uno de mis favoritos, si es que no el favorito. Espero que aquella noticia carezca de base, o que no llegue a ser así. De una forma u otra, su legado ya está en la plataforma de lo extraordinario.

Y yo, me despido aquí luego de haber reseñado esta extraordinaria película.



Índice

Percepciones. Parte 1 

Percepciones. Parte 2

Percepciones. Parte 3

Percepciones. Parte 4

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