Rosa Mística, la película. Una mirada

Rosa Mística: fragmentos de la melancolía es una película peruana que fue estrenada el 30 de agosto de 2018. Escrita y dirigida por Augusto Tamayo y protagonizada por Fiorella Pennano, esta no es cualquier fecha, sino cuando se celebra, cada año en Perú, el Día de Santa Rosa de Lima, una mujer histórica a quien se le muestra mucha devoción en el país. 

Santa Rosa (20.04.1586 – 24.08.1617), o Isabel Flores de Oliva –su nombre real–, fue una mujer que vivió el misticismo cristiano con alta intensidad. Por cómo vivió y lo que generó en otras personas en vida, trazó un camino que llevaría a su beatificación el 15 de abril de 1668 por el papa Clemente IX y a su canonización el 12 de abril de 1671 por Clemente X. Murió a corta edad, pero dejó un legado para la eternidad.

Rosa Mística no es una película biográfica, contrario a lo que podría haberse deducido de mis primeras palabras. Como lo señala su página web por medio de una hermosa cita cuyo autor o autora no se indica, 

Rosa Mística, Fragmentos de la melancolía retrata, a través de fragmentos representativos de la vida de Santa Rosa de Lima, la significación de su ardiente existencia y de su personal y desgarrada búsqueda de trascendencia espiritual mediante la experiencia mística, durante el siglo XVII en el Virreinato del Perú.

No hay un punto en el largometraje de más de dos horas en que esta significación no se haya sentido. En una entrevista para La República, Pennano, ante la pregunta sobre qué se verá en una película que no es un documental, responde lo siguiente: “Que es una mujer valiente. Una mujer que construyó su propio camino en un momento que no se podía. Una mujer que se atrevió a entregarse a lo que ella quería…” (Barrientos, 2018). Y no hay un momento en que ella, la protagonista, haya dejado de mostrar la determinación de una Isabel que en todo espacio de su vida conoció cuál era su convicción, la cual, según lo retratado, llevó adelante tanto en los periodos de descubrimiento personal e indagación, como en la interacción social con personas de distintas redes: su familia, la iglesia, vecinos y pretendientes.

La convicción de Isabel exigía respeto. Esta convicción implicaba el castigo sobre el cuerpo: desde el ayuno extremo hasta la flagelación. Era su objetivo lograr la revelación de Cristo, para lo cual seguía un camino tan tortuoso. Sin embargo, la vivencia del sufrimiento en carne viva era considerado un proceso por ella: el que había que seguir. Un camino sin retorno y sin descanso. Una vez emprendido el viaje, ya no había vuelta atrás, y ese desgaste tan forzado contribuyó a acelerar el final de su vida.

Fue criticada, sin duda, y el estado de su mente, puesto en duda más de una vez. Y puede existir mucho debate sobre esto. La película muestra a una mujer que tenía un solo objetivo: el deseo de llegar a esa revelación bajo un amor, prácticamente obsesivo, por Cristo; una revelación que, para ella, ya venía dándose a través de las visiones que contaba tener, algunas sombrías, otras en luz, pero nunca la revelación mayor.

Se muestra, como parte de los diálogos, explicaciones de índole teológica para lo que estaba viviendo, las cuales provenían de sus confesores, quienes llegaban a rotar porque su implacable voluntad siempre terminaba imponiéndose. Cada uno de estos sacerdotes se veía interpelado por una serie de emociones confrontadas respecto de lo que estaba aconteciendo: el proceso seguido por Isabel, autoimpuesto, se salía de control, y ellos tan solo se veían superados. La convicción de Rosa, su sobrenombre, arrasaba con los rostros de toda persona que se cruzara, y los confesores tan solo no podían lograr que siquiera tomase un descanso.

Foto obtenida de artículo de La República (“Cine Nacional: Rosa mística es parte de una trilogía cinéfila”, 2018).

Y se dedicó a la soledad, una palabra no existente para ella. Es que, en realidad, la soledad existe si la sientes; no era su caso. Y no buscaba que hablasen de ella. Quería ser, tan solo, invisible. Como expresa Pennano, “lo que me parece importante es que no buscaba eso: que hablen de ella ni que la veneren, buscaba su propio camino” (Barrientos, 2018). Pero solo consiguió lo opuesto. No se trataba de una Lima como la de hoy, por supuesto, tan… sobresaturada, y además su familia gozaba de ciertas comodidades. Tampoco carecía de pretendientes que venían a pedir su mano, pero se iban “con el rabo entre las piernas” al recibir el contundente mensaje por parte de ella misma. 

Conocer a Isabel y enamorarse de ella era tener que aceptar que, simplemente, no había posibilidad de ser interesante en su vida. Su vida íntima se transformó en su objetivo y, mientras menos fuera interrumpida, mejor. Sin embargo, no había una mala intención. Si bien su individualismo se tornaba excesivo  y era entendido como soberbia, ella solo deseaba el bien para todos; no guardaba rencores. No era eso posible en su alma, la cual se dividía en el inabarcable amor a Cristo y su repulsión hacia el demonio. 

Hizo mucho por los enfermos, y con preocupación genuina, pero con la aparente conciencia de que ese tiempo era tiempo no usado para sus oraciones y flagelaciones en su dedicación privada a su objetivo. Me queda el pensamiento de hasta qué punto su acción hacia el prójimo era motivada por ser ello agradable a Cristo –es decir, un bien como un medio–, o por el sufrimiento mismo de aquel, y hasta qué punto influyó en lo primero las enseñanzas recibidas. 

Diversas posturas podrán expresarse al respecto y, en principio, me disculpo por este cuestionamiento ante quienes lo tomen como una ofensa (siempre los hay), pero lo mantengo. Sin embargo, cabe aclarar que, ante mis ojos, ello no disminuye el valor de Rosa en absoluto, ni como persona ni como mística cristiana. Sí soy alguien que se interesa por conocer las causas más profundas del accionar de las personas. En un artículo, Eduardo Adrianzén comenta: “Conózcanla más y lean sobre ella. Descubrirán a una mujer fuerte y decidida. Un gran personaje si la vemos con ojos laicos, sin fábulas ni estampitas” (2018). Ese es el punto. Cabe señalar también, siguiendo las palabras de Pennano, “el guion no tiene una postura [religiosa], es una película que está abierta a que cualquier persona pueda ver al humano que está detrás” (Barrientos, 2018). Ciertamente, uno ve la simbología católica, pero no hay un mensaje religioso ni explícito ni implícito, lo cual es uno de los puntos altos del filme de Tamayo.

Afiche de la película. Obtenido del Facebook público de Fiorella Pennano.

El resto del elenco está conformado por actores de la talla de Miguel Iza y actrices de la talla de Sofía Rocha, quienes hacen de padre y madre de Isabel, entre otros magníficos intérpretes, y cada una de las actuaciones es sencillamente plena en todas sus características. En lo personal, un verdadero deleite de actuación peruana, la cual se conjuga muy bien con el excelente trabajo de fotografía y arte mostrado. Y Fiorella, tan solo una maestra de las expresiones, los cambios de emoción, la intensidad de su voz, la pasión de su mirada y la dulce melancolía de su rostro.

Será motivo de leer más sobre ella, nuestra Santa Rosa de Lima.

Collage obtenido de página web de la película.

Referencias bibliográficas

Adrianzén, E. (2018, 4 de septiembre). La santa rebelde. La República. Recuperada de https://larepublica.pe/politica/1311288-santa-rebelde

Argos Producciones Audiovisuales. (2018, 9 de diciembre). Rosa Mística. Fragmentos de la melancolía [Página web de película]. Recuperada de https://rosamisticalapelicula.com/

Barrientos, E. (2018, 26 de agosto). [Entrevista a Fiorella Pennano, actriz: Rosa Mística, la mujer que buscó su propia religiosidad]. La República. Recuperada de https://larepublica.pe/espectaculos/1305511-rosa-mistica-mujer-busco-propia-religiosidad

Cine Nacional: Rosa mística es parte de una trilogía cinéfila. (2018, 29 de agosto). La República. Recuperada de https://larepublica.pe/espectaculos/1307457-rosa-mistica-parte-trilogia-cinefila

Tráiler 

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