Por las profundidades de Perú: en ruta desde Marcapomacocha, parte 3. Azulcocha

En serio, ¿quién le pone nombre a las lagunas? A alguien se le ocurrió, para este caso, unir una palabra en español con una basada en el quechua. Azul (como si la gran mayoría de lagunas no tuvieran alguna tonalidad de azul, ya sea hacia lo más claro o lo más oscuro) y cocha, que significa laguna. Y ese es el nombre oficial, Azulcocha. Al menos, así se le llama y así aparece registrado en Google Maps. Habría preferido, quizás, Anqasqocha, para tener el título completo en quechua (en este caso, cusqueño). Pero bueno, no importa.

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Ahora, a manera de aclaración, quiero recalcar que, en la parte 2, indiqué que nos encontrábamos, en un momento, relativamente perdidos. Y la verdad, la palabra “perdidos”, en el ámbito de montaña, no necesariamente tiene el significado literal que le atribuimos normalmente. Si a nosotros nos dan una dirección en la ciudad, mediante utilizar recorridos en determinadas avenidas, se puede llegar a la calle indicada para localizar nuestro destino. Es más, con el Maps, técnicamente podemos saber en dónde estamos en todo momento (incluso sin señal, si es que los mapas ya se grabaron con anterioridad). Es algo diferente que no conozcamos el lugar donde nos encontramos en un momento específico. Por ello, habría que reevaluar el significado social que le damos al “estar perdidos”.

En la montaña, la historia es otra. La mayoría de veces, no existe GPS que funcione (al menos, no uno común y corriente). Sin embargo, no localizar un punto tampoco significa necesariamente que uno esté perdido, ya que el concepto de exploración es inherente a la actividad a la que hacemos referencia (y en general). Es decir, si un camino no resultó, puedes retroceder sobre tus pasos y tomar otro, o cambiar de rumbo desde el primero. Por supuesto, influye también la experiencia previa. Así, aprendes cómo establecer referencias mentales para lo que vas transitando y aplicas conceptos básicos, como que un riachuelo puede conducir a una laguna, una cascada o un pueblo. Incluso, un mismo camino recorrido varias veces puede llevar a cierta confusión una siguiente vez, ya que lo que se observa no siempre es uniforme, como en una ciudad. Plantas que crecieron mucho y no se cortaron pueden cubrir la vista notoriamente si se está de subida o bajada, por ejemplo, y ello puede llevar a confusión.

Para el caso de esta historia que vengo contando, no ha sido mi intención decir que nuestro guía nos llevó a perdernos. Simplemente, escogió caminos que no fueron los que conducían con mayor rapidez al primer campamento, y esto lo sé porque amigos que han ido en momento posterior me han contado que alcanzaron Azulcocha mucho más rápido que en esta oportunidad, yendo por un camino más apropiado en cuanto a su extensión. Por eso, coloqué el “relativamente”, ya que nunca estuvimos perdidos realmente. Simplemente, si bien noté cierta dificultad en el guía en determinar qué camino tomar a partir de cierto punto, y ello por falta de un mejor conocimiento de la ruta, se entiende la exploración necesaria para hallar el destino. Aun así, ello no cambia que se trataba de un guiado y se esperaba un mejor resultado.

Es difícil despertarse temprano cuando recién está amaneciendo a esas alturas al interior de una carpa, luego de haber dormido incómodo, y más difícil salir. Es el frío, ese frío al que tu cuerpo aún no se ha adaptado en ese momento. Y, como es usual, despiertas con deseos de orinar, por lo que requiere buena fuerza de voluntad vencer esa barrera mental que impide salir de la oruga de plumas, ponerte zapatillas y algún abrigo, y dejar la carpa. Sin embargo, todo suele cambiar muy rápido cuando el sol se impone en el cielo y el calor empieza a llegar, y tu cuerpo empieza a entrar en sintonía con el día. Cada quien se atiende como puede, es parte de la aventura. Es necesario.

Por mi parte, me acerqué a ver la laguna cuando el ambiente aún se percibía frío. Allí estaba frente a mí; habíamos acampado frente a uno de sus rincones. Volví a mi carpa para seguir descansando. Poco a poco, los demás fueron despertando y saliendo, y, luego de comer algo de desayuno, empezaron a levantar su campamento y prepararse para continuar. En nuestro caso, mi amigo y yo fuimos quienes más demoramos en partir, quizás influenciados por mi flojera.

58 bDesde donde estábamos, ya con toda la intensidad de los rayos solares encima, tocaba iniciar una caminata por la margen izquierda de la laguna en subida hasta introducirnos nuevamente por más alturas entre abras y montañas para dirigirnos hacia nuestra siguiente parada: Leoncocha (¿en serio?). Cada vez que avanzábamos en esa ruta, ver Azulcocha desde más arriba la hacía lucirse frente a nuestros ojos. Un impresionante celeste y unas aguas que desplegaban una calma transmisora vital de tranquilidad y paz.

Una vez dejado ese sendero, entramos en una superficie más amplia, luego de la cual debimos subir una colina que nos conducía a un punto alto desde el cual teníamos una vista espectacular de todo el valle. Era hora de avanzar hacia la siguiente laguna.

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Azulcocha. Anqasqocha para mí.

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2 comentarios en “Por las profundidades de Perú: en ruta desde Marcapomacocha, parte 3. Azulcocha

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