Vichayito

Tan solo es tomar una moto-taxi en Máncora para dirigirse a Vichayito, otra de las hermosas playas que tiene el departamento de Piura, perteneciente al distrito de Los Órganos, provincia de Talara. Podría decir que es el equivalente de Colán, con la diferencia de que, mientras en esta última el agua es templada, es aquella es fría. Al menos, así estuvo cuando fuimos. Asimismo, es una zona de tranquilidad, donde se siente que la playa es para uno mismo. La contraparte de Máncora, que se encuentra más allá, a poco más de 10 kilómetros.

040La primera vez que escuché sobre Vichayito fue por el calendario que promocionó la actriz y empresaria Andrea Luna, el año 2012, cuando aún se encontraba en el mundo del modelaje. Como ya lo he mencionado en otra publicación, ella es alguien de quien era seguidor. La totalidad de las fotos de aquel calendario, que ella me firmó en la imagen del mes de mi cumpleaños, fueron tomadas en esta playa, la cual ella estaba también promocionando. Me alegra mucho saber que le está yendo muy bien en la actualidad. Mi admiración siempre la tendrá.

Luego de bañarnos un rato, retornamos de la misma manera a Máncora para, allí, tomar el transporte de nuevo a la ciudad de Piura. Aquel día ya era 31 de diciembre de 2013.


Inicialmente, entré como parte del área de Administración, aunque mi jefe en aquel entonces no conocía a cabalidad la labor que yo debía realizar. El asunto es que la empresa era una transnacional basada en Ecuador, la cual tenía sede en Colombia y, más recientemente, en Perú. Desde la matriz se había planteado el proyecto de certificar a toda la empresa con ISO 9001, y la programación para Perú ya venía en atraso. Por ello, se dio la orden de que en este país se contratara a un analista para implementar todo el sistema de gestión de calidad, y allí es donde aparecí yo. Una ex-colega de un trabajo previo me recomendó al gerente de ventas, quien transfirió la recomendación a la administración, y fue así que el gerente de esta se contactó conmigo. 

Sin embargo, quien realmente se convertiría en mi guía y supervisor de lo que debía lograr sería el gerente regional de proyectos, quien también me entrevistó -a través de Skype- antes de empezar, y quien visitaba la oficina de Lima todos los meses. A él llegué a considerarlo como un mentor en mi formación profesional, no solo por la manera como guió y asesoró mi trabajo, sino por ser siempre un punto de apoyo a nivel no solo laboral sino también personal. Yo lamento haberme tomado confianzas desmedidas en ciertas ocasiones, al conversar con él, por situaciones que ocurrían en la oficina de Lima que, en pocas palabras, me hacían hervir la sangre. Es decir, en la comunicación que mantenía con él sobre estos problemas que, sin duda, debían tratarse, no siempre usé las expresiones correctas. Sin embargo, él siempre fue comprensivo y me aconsejaba los caminos a seguir para superar los escollos.

Después de salir de la empresa, a fines de 2014, prácticamente ya no tuvimos más contacto, a excepción de una vez en que le escribí por un terremoto que se dio en Ecuador. Por otro lado, alguna vez intenté conectarme con él por LinkedIn, pero no aceptó la invitación. Ya no tiene relevancia, en realidad. De todas maneras, todo contribuyó a un gran aprendizaje. 

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