Paita

Al día siguiente, luego del desayuno, nos dirigimos al paradero de buses para tomar un transporte a Paita, ciudad capital de la provincia de Paita, perteneciente también al departamento de Piura, y ubicada a casi 60 km de la ciudad de Piura.

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Al llegar al terminal, el cual se encontraba en un punto alto, tomamos un moto-taxi que nos bajara a la ciudad. Una vez allí, lo primero que hicimos, sin dudarlo, fue caminar hacia el mar. Ya en el camino en este último transporte pudimos ver, desde la perspectiva paisajística que teníamos, la intensa actividad pesquera que se desarrolla allí. Incluso, una vez en la orilla, el mar tenía una tonalidad un poco oscura en su interior, como si se encontrara cargado de aceite de algún tipo; o quizás solo fue mi impresión en ese momento. Aun así, no consideramos que era lugar para bañarse. Hacia el fondo se divisaban incontables embarcaciones de todo tipo. He leído que el puerto de Paita es uno de los más importantes del Perú*.

16Un señor, que se acercaba a la orilla con su bote, llegó donde nosotros y nos ofreció un paseo por los alrededores marítimos más cercanos en una lancha de tamaño mediano a cinco soles. “¿Por qué no?”. Nos trasladó en su medio de transporte hacia el colector más grande, donde había ya otras personas esperando el recorrido. Si mal no recuerdo, con nosotros el viaje empezó.

La lancha se desplazaba lentamente. Francamente, no recuerdo si había alguien que acompañaba el viaje con una explicación de lo que estábamos viendo. Me parece que, quien dirigía la lancha, nos daba algunas indicaciones breves durante el avance. Suficiente.

Llegamos a pasar por una zona donde descansaban grandes lobos marinos, y era divertido verlos en toda esa quietud y las poses que adoptaban. En otras lanchas y botes estacionados en el mar, pelícanos y gaviotas encontraban un poco de paz después de su actividad propia de pelícanos y gaviotas. Con el retorno, poco a poco fuimos avanzando en dirección de la orilla, hasta donde la lancha pudiera llegar, y luego hicimos el transbordo a un bote.

Caminamos hacia la pequeña plaza de armas, la cual da al malecón Paita propiamente dicho; tomamos algunas fotos y decidimos pasarnos directamente al distrito cuya playa es una de las que más he disfrutado en vida: Colán.


*Carpeta Pedagógica, 2012. Principales puertos del Perú. Enlace. Consulta: 05/04/2018.

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Por mucho tiempo, no pude congeniar con ella. Simplemente, a pesar de todo lo vivido hasta el momento, no había llegado a ser capaz de superar ciertas trabas que había cargado desde la niñez, y me decepcioné bastante de mí mismo. Hasta, incluso, hubo ciertas actitudes mías que, sin darme cuenta, me estaban alejando aún más de ella, y fueron ciertos malos humores que se presentaron en determinadas ocasiones que no pude dejar de lado oportunamente -por mi frustración interna-, los cuales me hacían sentir áspero ante otras personas (sin que ello significase salirme de las formalidades en el trato, aunque eventualmente hubo casos concretos en que no pude contener reacciones no apropiadas por situaciones que colmaron mi paciencia, como ya contaré a futuro; ya me entenderán). Y, por supuesto, ella, con su magnífico tacto, llegaba a sentirlo.

Recuerdo, más adelante, cuando, para mi alegría (y alivio), ya había formado alguna amistad con ella, que me contó sobre la baja estima en que me tenía en mis primeros meses en la empresa. Yo mismo percibí una vez, cuando nos cruzamos en la oficina un día cualquiera y nos dimos el saludo natural del día, el mal rostro con que me miró al saludarme, como si hacerlo hubiese sido una carga que quisiese evitar. 

Pero, espero no me malentiendan. En buena parte, la imagen áspera que me formé en mis primeros meses, aparte de lo dicho, fue porque no logré una integración mayor con los grupos dominantes, que conformaban principalmente el área de Ventas. En principio, habían esperado que, en el tiempo, iría entrando en confianza y me iría sumando a sus dinámicas, pero realmente no se trataba de ello: simplemente, no me sentía atraído por sus temas de conversación ni sus chacotas ni sus perspectivas, las cuales consideraba como carentes de apertura hacia puntos de vista alejados del mainstream que dictaba la sociedad menos reflexiva. Aun así, tuve una buena relación con el gerente de dicha área, y siempre pudimos conversar sobre temas interesantes. Entonces, soy la persona que “se aisló” y que, y en esto cedo, le costaba manejar sus emociones, lo cual se reflejaba en las expresiones de mi rostro y, a veces, el tono de voz, ya sea desde la asertividad (está bien, a veces más allá de la asertividad) o el silencio.

A pesar de ello, poco a poco fui encontrando mi nicho en la oficina, la cual era una que, en ese entonces, albergaba a todas las áreas administrativas y de ventas de manera puramente horizontal: en otras palabras, nos veíamos las caras todos y todas todos los días. Es decir, fui formando un relacionamiento más cercano con personas con cuya forma de ser me identificaba, entre las cuales hallé un amigo que se ha convertido, en la actualidad, en una amistad de siempre y para siempre, y quien me apoyó mucho en su momento. Y, así, fui estableciendo alianzas desde las cuales el aporte a la empresa era mayor que de manera aislada, al menos desde mi posición, ya que las interacciones de equipo que teníamos eran bastante provechosas mutuamente. 

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