A través de la ventana

Cuando llegó su amiga, alguien a quien no tengo interés en nombrar -aunque en ese viaje se portó muy bien con nosotros-, salimos de la cafetería  y nos dirigimos al estacionamiento. Había llegado con quien entiendo era su padre, o quizás otro familiar. Subimos a la camioneta y, mientras éramos trasladados al paradero de furgonetas con dirección a Puno provincia (recordar que el avión llega a Juliaca), mi acompañante le contaba a su amiga su problema presente. Por mi parte, me limité a observar las calles de Juliaca y tomar algunas fotos. Qué decaídas se veían algunas zonas, con pistas sin asfaltar, charcos y desorden urbano.

En el paradero, agradecimos y nos despedimos, subimos a una furgoneta y partimos. Extraño viaje aquel, sobre todo por aquella situación en que, cuando quise apoyar mi cabeza sobre su hombro derecho, ella reclamó notoriamente, ante lo cual me enderecé, pero luego insistió en que lo hiciera de nuevo. Más allá de eso, me enseñó un gracioso movimiento de baile de huayno (música folclórica emblemática del Perú andino) y demostró toda su admiración por los hermosos paisajes que se divisaban al otro lado de la luna. Siempre tenía ella mil formas de generar ternura en mí.

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21Al llegar al siguiente paradero, intercambiamos una de las dos mochilas que llevábamos por el peso y caminamos hacia el hospedaje que ella había reservado. Nos dieron un cuarto de dos camas en el segundo piso con vista a la calle. Ya estoy inhabilitado para recordar cuál era el nombre de dicho local, pero sí recuerdo que se ubicaba en una calle jodidamente inubicable (y ya llegarán a saber por qué lo digo) sobre (o cerca de) la parte alta de una pendiente (las calles con pendiente son muy comunes en la provincia de Puno).

Tomamos cada uno una cama y empezamos a establecernos. Solo por molestar, me desparramé en la suya y ella protestó. Más tarde, me hizo una pregunta que implicaba mucha sinceridad: una opinión muy personal sobre un tema específico. Así lo hice y ella se enfadó bastante conmigo. Traté de conversar sobre el asunto por lo innecesario del altercado, pero no obtuve resultado. No podía creerlo.

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Para que sepan a qué me refiero.

Ofuscado, me retiré de la habitación y el hospedaje para caminar un poco por las calles y así despejar mi mente. Ya nos estábamos adentrando en la noche y el frío se hacía más palpable. Dentro de un rato, nos íbamos a encontrar con unos amigos de ella para que nos cuenten los proyectos que venían realizando y hacer coordinaciones.

Con la mente más despejada, retorné al hospedaje y la encontré allí, en la habitación. Se disculpó conmigo por su actitud anterior y me explicó el porqué de esta. Acepté sus disculpas, aunque no estuve de acuerdo con su posición. Ella ya sabía lo que sentía por ella y cómo la consideraba.

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27Llegó el momento de ir al punto de encuentro. En el camino, grabé dos breves entrevistas que ella hizo en la calle a dos vendedoras ambulantes de prendas de lana. Su interesante propuesta se centraba en la prevención y era ello lo que deseaba transmitir: con base en los pronósticos climatológicos, en lugar de hacer una subestimación y actuar, por lo tanto, tardíamente -esta era una época en que el friaje había estado afectando (y suele afectar) seriamente a Puno-, el Estado debería obrar con la debida anticipación en proveer protección a las familias más vulnerables, muchas de las cuales pertenecen a pueblos de zonas alejadas donde el propio Estado no tiene ni interés en llegar. Justamente, colectivos urbanos como el de mi acompañante se enfocan en apoyar a esta prevención en la manera que les es posible.

30Luego de comprarse un par de polainas, seguimos camino hasta un pub bohemio bastante acogedor. Las calles, ya en las partes bajas de las pendientes, se encontraban bastante transitadas. Era viernes y se sentía el movimiento. Subimos al segundo piso del pub -en realidad, una mezanine- y escogimos una mesa en una esquina, junto a las paredes. Ella pidió un café y yo una copa de vino. Allí estuvimos conversando y grabando videos mientras esperábamos. Lo que seguiría luego sería una noche difícil.

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