Quiero dedicarte esta última publicación

Fuiste lo más importante de mi año, y por eso quiero dedicarte esta última publicación para el mismo. Fuiste más importante que haber logrado una cumbre de 6318 metros, donde lancé tu nombre a lo alto y te dediqué ese logro; fuiste más importante que haber planteado los objetivos más importante de mi vida, muchos de los cuales me llevarán muy lejos de aquí, quizás para siempre; fuiste más importante que haber sobrevivido en un accidente a la muerte o, al menos, a daño severo, del cual me levanté, luego de mi recuperación, emocionalmente más fuerte que nunca.

Fuiste más importante que cada sol y que cada luna, más importante que cada vez que pisé la entrada de un avión para viajar hacia ti, más importante que todas mis lágrimas y que cada abrazo que te di, más importante que las veces que te dije te quiero y que haber ido juntos al cine a ver La La Land, una película que se prestó a mil reflexiones. Fuiste más importante que todo lo que hiciste por mí, y es que tu ser lo fue todo para mí; más importante que las veces que fui a dormir pensando en ti y que todas las veces en que desperté creyendo que ese día sí me perdonarías y volverías a hablarme; más importante que cada día y que cada noche, más importante que cada segundo, más importante que esta vida que se abre ante nosotros. Fuiste más importante incluso que el todo. Sábelo.

No sé si llegará el momento de voltear la página. Sin embargo, en madrugadas como esta, con tan solo la luz de mi lámpara alumbrando mis dedos improvisando estas palabras, pienso en ti. La última madrugada del año, un año difícil, muy difícil. Pero año en que surgió mi más profundo sentimiento de amor hacia ti. ¿Realmente creíste que llegaría el momento en que todo pasaría, y que en ese momento me comunicaría contigo para nuevamente conversar? ¿De qué conversaríamos? Luego de tanto tiempo, ¿cómo ya podría comunicarme contigo? ¿Todo para decirte que mi sentimiento por ti sigue intacto, aunque en otro lado del corazón? Esas cosas no desaparecen, porque son reales, porque son eternas.

Algún punto deberá llegar en que mire hacia un costado y siga caminando. Tus palabras implicaron que no te volvería a ver, y tú lo sabías. No había más “nos encontraremos más adelante”. Te hubieras molestado contigo como advertiste que lo harías. Habría preferido irme con tu odio que con tu indiferencia. Y ahora no hay punto en que te vaya a volver a ver.

Lo que nos depara el futuro, solo el tiempo lo sabrá. Son cosas que realmente no podemos determinar. Quisiera yo saber qué estaré haciendo dentro de diez años. Con quién habré estado si llegué a estar, de quién me habré alejado, que habré estado o estaré estudiando, qué montañas habré escalado de haberlo hecho, de qué otras muertes me habré salvado, en dónde estaré trabajando de estarlo, en qué estaré pensando. ¿Estaré pensando en ti? Algunas veces lo haré, seguramente. ¿Estarás en mi corazón? Sí, por siempre, y quizás ello será lo que me lleve a la lejanía.

Hasta dónde llegaré, no lo sé. Se me cierran los ojos en este momento. Quizás sea conveniente acabar con estas líneas ya, sin llegar a ningún cierre. Llega el momento de desvanecimiento. Me despido de ti ahora. Que tengas un año increíble. Mereces siempre lo mejor y te deseo lo mejor. Te quiero mucho, te voy a querer siempre. Feliz año y feliz vida, donde quiera que estés.

Un abrazo inmenso e interminable.

Janis

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