La hora final, una película de Eduardo Mendoza

El cine peruano serio, a partir de la expresión de las realidades que nos han rodeado y rodean, es de relevancia trascendental . La hora final es una película que recientemente ha estado en cartelera en salas peruanas, y que narra la historia, a la que se agregó elementos de ficción, de cómo fue el proceso de captura del líder terrorista de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, el movimiento terrorista más fuerte de nuestra cronología, en una de las épocas más aciagas que el país ha vivido, a través del arduo trabajo de investigación realizado por el GEIN, una organización que se formó con el fin de capturar a personas eje en las redes terroristas que se encontraban en operación, y que recibió un paupérrimo apoyo del Estado, dirigido en ese entonces por quien es considerado por millones, incluyendo mi persona, como el peor presidente de nuestra historia, Alberto Fujimori, quien yace en prisión por delitos de lesa humanidad absolutamente probados en un juicio con supervisión internacional.

Las siglas GEIN refieren a Grupo Especial de Inteligencia del Perú, la cual fue creada el 5 de marzo de 1990 como parte de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DIRCOTE); ya no se encuentra vigente. Mucho se ha escrito sobre una era de guerra interna que empezó en 1980, tuvo un golpe brutal a sus entrañas con la captura de Guzmán -líder de Sendero Luminoso- el 12 de setiembre de 1992, y que en 2000 se consideró superada, aunque vestigios quedaron para momentos futuros. Mucho se ha escrito y mucho se ha hablado. Mucho se ha sufrido, mucho se ha llorado. Mucho se ha perdido, y es irrecuperable. No solo vidas, sino también la alegría de muchas almas.

La hora final muestra una pequeña parte de esa historia, pero parte crucial. Una parte acontecida en Lima, entre 1989 y 1992 (La República 2017). He leído que ha habido críticas muy buenas y muy malas sobre la película. Las segundas suelen basarse, por lo general, en resentimientos muy profundos de las personas que las manifiestan. Por otro lado, una crítica positiva no implica necesariamente alabanzas, sino la realización de un balance de distintos elementos de lo visto y en qué medida se logró la propuesta para dichos elementos. Una evaluación, necesariamente cualitativa, puede tener valoraciones tanto positivas como negativas, y aun así proporcionar una calificación alta cuando se proporciona una valoración cuantitativa (no necesaria en estos casos a mi opinión, aunque es infaltable para medios de comunicación). En este sentido, invito al lector o lectora a leer la crítica hecha en el diario La República, la cual ejemplifica lo expresado (haz clic aquí para dirigirte a la versión en línea o aquí, en caso la publicación ya haya salido de la web).

Por mi parte, puedo decir que, en principio, la trama no solo presenta un desarrollo policial-investigativo, sino que da paso a las vidas personales de dos agentes del equipo del GEIN, lo cual apela a una experiencia distinta de conexión con el público, más integral. Él es Carlos Zambrano (Pietro Sibille) y ella, Gabriela Coronado (Nidia Bermejo). Se trata de experiencias muy particulares. Gabriela es una ayacuchana cuya madre murió por culpa de SL y cuyo hermano se hizo parte de dicho movimiento. Entonces, ella se debate entre luchar, desde su posición de agente, contra las redes terroristas, y, desde su posición de hermana, en tratar de sacar a su hermano de aquel mundo. Por otro lado, Carlos, quien vivió tres años en un pueblo de la sierra con su esposa (y su hijo, aunque este último dato no lo tengo correctamente en mi recuerdo), trata de evitar que ella, de quien se ha divorciado, se lleve a su hijo al extranjero para alejarlo del contexto sombrío y pueda tener un mejor futuro, a la vez que trata de reivindicarse con él por haber estado, en pocas palabras, mayormente ausente en el cotidiano por la dedicación a su trabajo.

Ambos libran no solo la lucha de la responsabilidad que han asumido en el GEIN, sino también su lucha personal, una lucha que, como diría Mariana de Althaus, exitosa dramaturga peruana, es una representación de la historia de parte de nuestra identidad (en algunos más que en otros, por temas de edad). Citando sus palabras en una publicación para Fundación BBVA Continental:

La película es la historia de dos hermanos que luchan en bandos enemigos, pero también la historia de un padre que rescata a su hijo de la guerra. El final de la película le da sentido a toda la historia: ellos vencieron para darnos un país con futuro a nosotros, los hijos. “La hora final” no es una película de suspenso policial, es un drama moral en el que los personajes funcionan como símbolos de un país dividido por una guerra interna. (De Althaus, 2017. Ver anexo)

Cuando vi la película, no observé esa lectura. Al menos, no tuve tiempo de llegar a ella antes de leer a De Althaus. Ciertamente, yo también soy uno de esos hijos; nunca había sido consciente de ello. Nací el 85; al 92, ya tenía siete años y me encontraba en segundo de primaria. No es de mi recuerdo la época de los toques de queda. Sí escuchaba la mención de coches bomba, pero se sentía como algo lejano, algo que no iba a llegar a “nosotros” (mi familia y mi entorno). Tampoco se trabajaba el tema de la guerra interna en el colegio. Era poco más de la mitad de la primera década de mi vida y mis padres se encargaron de darme la magnífica infancia que recibí dentro de las circunstancias que vivía el país, una en la que me pude concentrar en ser niño y aprender. Ahora, ya de grande, puedo estudiar todos esos procesos por los que Perú transitó y que, en diversos ámbitos, aún sufre. De una forma u otra, deseo también realizar mi aporte para que “la vela no vuelva a encenderse nunca más”, como diría Nidia Bermejo en un video que compartió en su perfil público de Facebook. Espero estar preparado cuando llegue el momento.

Mención especial quiero hacer sobre Nidia, justamente. La recuerdo de la obra de teatro La Cautiva, cuando estrenó temporada en el Teatro La Plaza el año 2014, una de las obras más exitosas y contundentes en mensaje que se han creado en nuestro país y que también está relacionada con el terrorismo de la época fatídica en Perú. Quizás la he visto en alguna otra obra, no lo recordaría ahora. Sin embargo, la he estado viendo en las redes a partir de las nuevas temporadas cortas de La Cautiva que siguieron presentándose hasta hace poco. Y ahora es que veo su rostro nuevamente en La hora final. Sin duda alguna, cada pulgada de su actuación me resultó grandiosa: de la suavidad de su voz en la tristeza hasta la dureza de su mirada en la cólera, desde su expresión de miedo en la desesperación hasta la firme seguridad en los momentos de decisión. Cada gesto, cada mirada, cada frase, cada emoción. Es como si no hubiera presenciado una actuación, sino la vida misma, si entiendes lo que quiero decir. Si bien los demás actores se desempeñan también de excelente manera, especialmente Toño Vega y el genial Pietro Sibille, por mi parte, me quedé cautivado por Nidia en un instante. Su carisma, ya sea en la pantalla grande o en el escenario bajo el telón, es uno que no se encuentra fácilmente. Quiero seguirla viendo siempre y le envío gracias miles por su dedicación e inmensa sinceridad.

Hasta pronto. Les dejo el avance oficial. Si no puedes verlo aquí, visítalo en Youtube.

Anexo de cita en redes sociales

Referencias

Fundación BBVA Continental [página de Facebook]. Consulta: 4 de octubre de 2017. Enlace

LA REPÚBLICA
2017. “Cine nacional: ‘La hora final'”. La República. Lima, 1 de octubre. Consulta: 4 de octubre de 2017. Enlace

 

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