Rúpac, parte 2. Nubes y sol

Hacía frío en la mañana, alrededor de las 6 a. m. Desde antes de esa hora, el monitor principal y alguien más habían salido a observar la formación natural que se había dado entre las montañas. Me debatía entre levantarme o seguir echado un rato más. Me suele costar vencer el frío de las mañanas (en esas mañanas: en la montaña). Sin embargo, hice un esfuerzo, me alisté rápidamente y salí. Por supuesto, había aclarado, pero el sol aún no estaba en el cielo. Afuera, el ambiente estaba aún más frío, pero ya me encontraba allí.

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Colchón de nubes.
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Ruinas de Rúpac.
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Paraíso en las montañas.

Frente a mí, se encontraba esa vista de la que tanto se hablaba en las redes: el colchón de nubes. Es una de las tres maravillas que encuentras en Rúpac; las otras dos serían las ruinas y el atardecer con puesta del sol (y cielo despejado), por los colores que muestra, el cual no he tenido oportunidad de ver. Espero regresar a futuro y tener esa oportunidad.

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Un lugar poco cuidado…

Poco a poco, fueron saliendo las demás personas de nuestro grupo. Cada quien exploraba según sus propios gustos, y se juntaban en subgrupos. Por supuesto, me junté con mi amigo Shengxiang y estuvimos caminando por ahí y tomando fotos. Cuando llegó la hora de ir hacia las ruinas, recuerdo que se puso muy estricto con no pisar cualquier construcción de rocas que pudiera haber, una actitud totalmente correcta. En ese sentido, sin embargo, una situación se hizo graciosa. Mientras que las mayores elaboraciones aún se encontraban pasos más al fondo, como se ve en la última foto colocada, lo primero que encontramos en el camino fue una especie de muro bajo de piedras que había que atravesar para seguir avanzando.

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… en un lugar tan impresionante.

Sin embargo, hubo una breve y graciosa discusión sobre si pasar por encima o no para continuar. Al final, lo hicimos, a partir de lo cual Shengxiang redujo la resistencia. En mi opinión, ese murito no era relevante, al menos, considerando el contexto y lugar en que se encontraba. Por supuesto, el enfoque de no afectar las construcciones de piedra está presente, más allá de que no hay un cuidado ni control exhaustivo de la zona (ninguno, en realidad). Es decir, Rúpac se ha prestado a mucha intervención irresponsable de quienes van a visitar el lugar, según lo que he escuchado. Son los pobladores quienes suben a limpiar el lugar cada cierto tiempo, pero las ruinas se muestran ampliamente desprotegidas.

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Shengxiang y los pobladores.

El espectáculo de nubes era impresionante por donde lo miraras. Tomamos diversas fotos. En cierto momento, algunos pobladores más habían subido y se quedaron hablando con un grupo de personas, a las que se sumó Shengxiang. Mientras, yo seguí recorriendo el lugar con una chica que andaba con nosotros también. Una vez habiendo visto lo suficiente, decidimos comer, alistarnos y, finalmente, bajar. La idea que manejaba con Shengxiang era no quedarnos tiempo en demasía tampoco, sino ser responsables con los tiempos e ir tranquilos en la bajada. Y, así, emprendimos la caminata de descenso. El sol ya había salido hace un rato, pero aún había una imagen de la luna en el cielo.

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Camino de retorno.

Pasos sobre barro, todo el barro dejado por la lluvia el día anterior. Creo recordar que dejamos atrás personas en el camino. De un modo u otro, estuvimos entre los primeros en retornar al pueblo fantasma, a esperar. Allí, tranquilamente, nos cambiamos de ropa y alistamos nuestras cosas mientras esperábamos a los demás. Nos quedamos junto a otros compañeros hablando con un comunero, quien nos contaba historias de otros viajes que jóvenes habían hecho al popular lugar, y de cómo a veces algunos se perdían en el camino de vuelta y había que ir a buscarlos.

El tiempo pasaba y no se completaba el grupo para emprender el retorno. Como siempre, hay gente que se queda hasta las últimas consecuencias, creyendo con eso que son los que más han disfrutado el viaje, sin que les importe el resto. Hasta creo que, en nuestro grupo, también hubo gente que se desvió. Asimismo, me parece recordar que las furgonetas no se encontraban aún y había que esperarlas. Sin embargo, finalmente llegaron y nos acercamos a cargar nuestras cosas a la parte superior, para luego subir y volver.

Así, emprendimos el camino de regreso. Fue bueno conocer un lugar como Rúpac.

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Rúpac, Reino de los Atavillos.

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