Primeras huellas en los Bosques de Zárate

Entre los asociados a la Red de Montañistas de Lima suele proponerse salidas internas, aparte de las salidas programadas para el público en general. Se acercaba fin de año, el ’14, y Fredy Portocarrero, fundador de la Red, propuso un trekking a los Bosques de Zárate para los socios, un destino que ya había escuchado más de una vez en el pasado y que siempre había querido conocer.

No me había animado antes porque se hablaba de hacer campamento y tener buena resistencia a la altura en la información que había visto en otros lugares. En aquellas oportunidades, mi insuficiente experiencia me hacía descartar una salida así, buscaba algo más simple. Sin embargo, en la etapa actual de mi vida a ese entonces, ya me sentía más que preparado y, al realizarla, descubriría que la salida no era como la habían pintado (o quizás interpreté mal): el recorrido se puede hacer en un solo día y la altura, en lo personal, la encuentro tranquila (ni se acerca a 4000 m s. n. m.). Si bien el camino es monótono de principio a fin, sí es un buen punto para entrenar para salidas mayores.

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Inicio.

La fecha escogida fue el domingo 28 de diciembre. En esa época del año, dichos bosques suelen estar frondosos por las lluvias. ¡En el propio camino nos agarró una!, aunque leve. De esa forma, puedes ver harta vegetación, harto verde y juegos de este color, rojo y marrón. La época de lluvias es un buen momento para subir a ellos. (En sí, no es que en un punto entras a un bosque; simplemente, vas avanzando por el sendero de la montaña y vas llegando a zonas donde aumenta la densidad de árboles y plantas, lo cual es considerable en las épocas de lluvia.)

Un detalle particular de esa salida fue que era el primer trekking de un buen amigo mío. Me había venido pidiendo con anticipación que le pasara la voz cuando hubiera salidas, así que le avisé para esta. El tema es que mi amigo aún no estaba suficientemente preparado para un trek así y se agotó muy rápido. Era muy poco lo que habíamos avanzado de la caminata de ida y notamos que ya estaba exhausto, no iba a poder seguir el paso. Fredy se reunió con él y le explicó el camino: por el mismo lugar se subía y volvía, un sendero marcado y a la vista claramente. De esta forma, si bien mi amigo podía seguir avanzando por su cuenta, en cualquier momento podía dar media vuelta y regresar, y continuar incluso hasta el pueblo de San Bartolomé. Eso hizo y allí nos esperó, no sin antes recorrer por su cuenta hasta el 50 por ciento de la ruta (hay un cartel que lo indica).

Por nuestra parte, llegamos hasta la loma donde están unas cuantas casitas y que se considera el fin de la caminata (aunque se puede seguir explorando más arriba, por supuesto). Descansamos un rato, conversamos, tomamos fotos y emprendimos el camino de retorno. Ya abajo, Fredy comunicó a mi amigo por celular que bajara con una de las furgonetas que hacen recorrido a Chosica. Así, lo esperamos en el desvío donde inicia el trekking hacia los bosques (y a donde se regresa) y nos volvimos a reunir. Luego, ya todo fue dirección a Lima. Mi amigo mejoraría a futuro su estado físico y realizaría grandes caminatas en lo sucesivo.

De esta manera, se acercaba ya el fin de año y a seguir adelante.

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