Grito silente, o calma

Lunes 24 de noviembre de 2014. Estoy en Lima otra vez. En unos días más, me espera mi primera sesión para tatuarme. Lo había decidido hace un tiempo no muy prolongado. Necesitaba cambios y concreciones. Alejarme de la mujer por quien suspiraba al haber renunciado a la empresa en que trabajábamos juntos me dejó vacíos al interior, pero también nuevas motivaciones.

Por ello, saqué cita con Aarón Sotomayor, fundador y tatuador principal del estudio Tatau Tattoo, y amigo de la universidad. Era la única opción que deseaba tener: la sensación confianza fue crucial para mí. Previamente, había visitado ya el lugar para mostrar la imagen que quería tatuarme y obtener un presupuesto. Solo faltaba hacer la llamada de confirmación y programar una fecha.

Pues así fue, y después de Arequipa me esperaba, el jueves 27 de dicho mes (día en que tomé la foto de portada de esta publicación), algo que, en realidad, había sido un sueño de años, muchos años. No obstante, hay que formarse ciertas seguridades para hacerlo y, de ser el caso, resistir la oposición de la propia familia por su gran preocupación. Ciertamente, en tiempo pasado ya había hecho mención a esto y la reacción no había sido favorable. Sin embargo, la vida es un camino difícil en todo ámbito y hay que seguir adelante. Al final, mi familia me dio su apoyo y le agradezco mucho, no solo por ello, sino por su constante preocupación en que esté bien y el incansable soporte que me da, aunque a veces piense que soy, en pocas palabras, un loco. Al final, todos lo somos a nuestra manera.

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Portada del álbum Screaming For Vengeance de Judas Priest.

En mi camino al estudio, me crucé con una atractiva española que hinchaba por el Real Madrid (yo, por cierto, del Barcelona) y vendía cupones promocionales de una tienda de hamburguesas. Un carisma gigantesco para vender, imposible decirle que no. Compré solo una cuponera, a 15 soles. Sin embargo, en un momento de nuestra conversación, un niño se acercó para intentar vendernos productos comestibles. Era un niño que trabajaba en la calle. Yo no pensaba comprar y ella tampoco, pero ella no fue tan amable con él al decir que no, algo tosca. El niño se fue. Sucedió rápido en medio de nuestra charla y me quedé pensando. Su carisma para la venta era totalmente actuada, no natural. Su verdadero ser es otro, quizá no muy agradable. Ha aprendido muy bien su labor de venta. Son experiencias que se van sumando y te van preparando para encarar situaciones de manera distinta en ocasiones posteriores. Seguí mi rumbo hacia donde se encontraba mi mente.

Como se observa en la imagen anterior y la imagen de portada, el acuerdo para el tatuaje fue sin la circunferencia roja, no tenía sentido. Sin embargo, si bien tuve la oportunidad de revisar el presupuesto, decidí que quedara igual. Aarón me dijo que sería bueno comer antes de la sesión. Eso hice (por primerizo), pero luego me di cuenta de que no era necesario. Ya en el asiento, toca afeitar la zona, pegar la figura y, simplemente, empezar a introducir el color. Y así fue. La sesión duró unas cinco horas aproximadamente, incluyendo un descanso para el almuerzo, donde fuimos Aarón, Yofreé (su hermano, co-fundador, asistente administrativo del estudio y buen amigo mío) y otro tatuador que había venido de visita de Colombia.


Hay preguntas que se suelen hacer a raíz de los tatuajes. Aquí cuento mi experiencia.

¿Dolió?

Sí, por momentos, más en unas partes que en otras. El pasar la aguja al demarcar líneas y colorear genera dolor. Pero, una vez que se levanta, en un segundo desaparece el dolor, aunque la piel se va inflamando lentamente.

¿Por qué ahí?

Mis piernas siempre han sido clave en mi actividad deportiva: en general, fútbol, natación, running, andinismo. Considero que mis pantorrillas reflejan la actividad que he realizado desde pequeño, y me aportan alta resistencia. De ambas, al ser diestro, escogí la derecha, por lo que ha sido mi pierna principal, especialmente en el fútbol. Y también estuvo presente el motivo de la estética y la visibilidad, un lugar donde me gusta cómo resalta la agresividad del dibujo, una agresividad que detallo mejor en la siguiente pregunta. Desde su ubicación, el águila va en picada a cazar a su presa, como un símbolo del ir tras mis objetivos cada vez.

¿Por qué ese dibujo?

Son varios factores en conjunto. Esa portada pertenece al álbum Screaming For Vengeance de la banda de heavy metal Judas Priest, una de mis favoritas. Siempre han llamado mi atención ciertos animales, como el águila. Es por su vivir en solitud, volar siempre alto, su visión periférica y tranquila, y el ir tras sus blancos una vez enfocados sin nada que la detenga. En este sentido, me atraía bastante dicha portada. El águila de esta, en sí, es más una nave bombardera que el animal mismo. Sin embargo, el concepto se mantiene y su diseño le agrega intensidad. Finalmente, estaba la motivación de añadir a mi piel la imagen de un elemento relacionado con el estilo de música de mi preferencia, que a su vez representa un estilo de vida, el heavy metal. Me ha dado tanto esta música, que debía realizarle este tributo.

Al final, se trata de una declaración de principios. Este soy yo.

¿Qué pasó después?

Llegó a inflamarse más de lo debido. Los bordes habían enrojecido. No cuidé suficientemente la zona tampoco, aunque creo que igual habría sucedido lo mismo. Usar pantalón era insoportable con la comezón, especialmente jeans, pero prefería mantenerla cubierta. La piel se mantenía caliente. Luego de correr, la pantorrilla se sentía como hinchada levemente, como con presión. Llegué a ir al dermatólogo, quien descartó infección. Seguí echándome la crema bepanthen y tomé lo que me recetó el doctor, así como poniéndole paños de manzanilla helada (un inmenso abrazo a mi madre que se daba el tiempo para ayudarme con ello).

Resulta que, a los 20 días de la sesión, todo había vuelto a la normalidad, o estaba a punto de volver a ella. Nunca regresé a hacerme los retoques, ya llegará el momento. Ciertamente, estoy aquí, orgulloso de mi tatuaje. Deseo que no sea el último, pero tendré que armarme de valor nuevamente de venir un siguiente.

Ya aparecerá un Che Guevara por ahí algún día.

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Puesta del sol desde Punta Veleros, en Piura. La recuerdo en mi solitud a inicios de este año.

Aquí, para que conozcas a Judas Priest. Un tema del álbum mencionado en un concierto relativamente reciente.

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