Ideas de inspiraciones, fuentes internas

En la mañana del 21 fuimos a desayunar a la estación. No había una mesa libre, así que la mesera nos ubicó en la misma mesa de una extranjera que pareció no incomodarse. En realidad, su expresión era de tanta frialdad que quizás sí se incomodó… Al despejarse otra mesa, ella decidió cambiarse de sitio no sin antes decir que así tendríamos más espacio. Había pensado en que debimos haberlo hecho nosotros, pero el hecho tener ya todo servido sobre la mesa era un impedimento. Ella ya había terminado y solo necesitaba mover su libro.

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En la Costanera.

Luego del desayuno, Shengxiang se quedó en la estación a esperar por su partida a Copacabana. Nos despedimos y regresé caminando al hostal. Allí mismo le pedí al administrador que por favor llamara a un transporte que me retornara a Juliaca. Así lo hizo luego y me cobró 25 soles. La furgoneta llegaría como a las 10:30 a.m., así que tenía tiempo para dar un último paseo por Puno.

Caminé al puerto y estuve recorriendo el borde de la lagunita que está allí; al otro lado, el inmenso Titicaca. No había mucha gente, casi nadie, se sentía mucha paz. El sol estaba quemando, como es normal. Luego fui caminando por el jirón Titicaca hacia la Plaza de Armas. Allí estuve un rato, la actividad citadina estaba en todo su movimiento. Las calles son pequeñas cuando estás más adentro, se percibe desorden y amontonamiento. Entré a linda Catedral, la cual es también bella por dentro. Vi que ya era hora de regresar, así que lo hice por la avenida paralela, Del Puerto, que desemboca a una cuadra del pasaje abierto del jirón Titicaca que conduce al puerto. (Francamente, para usar “jirón” o “avenida”, me estoy guiando de Google Maps.)

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Pasaje al puerto.

Caminé al hostal. Me alisté. Bajé a esperar que llegara la hora de partida. Cuando llegó, el propio administrador me llevó en auto a una agencia, donde esperé la llegada de la furgoneta, que estaba demorada. Al arribar la furgoneta, pusieron mi maleta atrás y subí a mi asiento. Había también otros viajeros. El viaje duró como una hora, al igual que en la ida. La conductora fue directamente al aeropuerto de Juliaca, sin embargo, ese no era mi paradero final. No recuerdo bien esta parte, solo que alguien me indicó que podía salir y decirle a la misma conductora de la furgoneta que me llevara a mi hospedaje. Seguramente pregunté algo relacionado con tomar transporte fuera del aeropuerto. Ella había salido pero no ido: se iba estacionar afuera. Me acerqué y le pedí la carrera al hospedaje. Había reservado en San Martin Inn a través de despegar.com, ubicada en el jirón Mariano Nuñez 233, segundo piso.

Una estafa por el lugar. Te digo por qué. De principio, mi conductora no sabía muy bien cómo llegar a la dirección, así que llamó a un contacto para pedir algunas indicaciones, las cuales no fueron suficientes. Puse el Google Maps en el celular y empecé a guiarla como pude. En el camino me sugirió visitar cierta feria en caso deseara salir. Cuando estábamos bastante cerca, no podíamos dar con el lugar. Se estacionó a un lado de la pista y ambos bajamos a buscarlo. De repente, según la dirección que aparecía en despegar.com, vi un edificio viejo de unos tres pisos, sin pintar, sin ninguna indicación de que era un hotel u hostal o de que había uno ahí, y el número estaba pintado en una zona de la pared sin hacer contraste suficiente. Había un portón de rejas negras cerrado y un timbre. Tocamos el timbre y la puerta varias veces. Nada. Nada de nada.

La conductora me hizo el favor de llevarme a un hostal que ella conocía, más al centro de la ciudad y que estaba de retorno en el mismo jirón donde estaba este otro lugar. Me dijo que era mejor que me llevara en carro ya que, si me veían caminando por Juliaca con mi maleta de viaje, me asaltaban en un dos por tres. Me comunicó algo que lo cual ya me había enterado: al ser la ciudad una zona netamente comercial, la delincuencia es alta.

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Paseo en el puerto en Puno.

El hostal donde llegué se llama Los Apus (nombre comercial; la razón social es Mayaki), ubicado en jirón Mariano Núñez 332. Como teléfono para reservas, en la pared de mi habitación estaba el 322824. Me cobraron 50 soles por la noche. Lo primero que hice fue dejar mis cosas e ir almorzar a un chifa simple que estaba a menos de una cuadra. Luego, me pasé al Plaza Vea que estaba volteando la cuadra para comprar provisiones para la tarde, noche y el próximo desayuno. Regresé al hostal y, como no es usual en mí, encendí el televisor y estuve viendo películas hasta la noche. Entre las que recuerdo están Hitch e Infiltrados en clase.

Durante ese periodo, no esperé para enviar a través de despegar.com mi reclamo y solicitar que no se me cobrara la penalidad por no haber avisado que no asistiría al primer hospedaje. Uno o más días después me llamaría la gente de aquella empresa al celular desde Colombia para indicarme que no se me cobraría la penalidad. Como no pude contestar, me escribieron al correo. Excelente respuesta de despegar.com. Muy mal por la San Martín Inn, una estafa.

Estando en Juliaca también recibí una llamada: era Shengxiang. Me dijo que no le habían dejado ingresar a Bolivia, así que había regresado a Puno y me preguntó si seguía en esa ciudad. Requería visa, el carné de extranjería no le había marcado diferencia. Yo ya había partido.

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Catedral de Puno.

En esa tarde-noche estuve también pensando en lo que querría hacer en mi vida y que hasta ese momento había postergado. Hay una persona a la que he hecho referencia desde el primer relato en Puno. Ella aparece aquí otra vez, en mi mente, generándome una gran motivación, al cual fue suficiente para superar esas barreras que conducen a estancarse en el eterno “algún día”.

Es así que decidí crear este blog. Asimismo, formar una banda de música de rock y metal acústico. De por sí, ya estuve componiendo y grabando en una grabadora de voz unos riffs para presentarlos a un amigo músico (yo para nada me considero uno) y ver qué se puede hacer. Sin embargo, en la actualidad, además de mis actividades regulares, me estoy enfocando más en el blog que en la música, pero llegará el momento de cambiar lugares. Son cosas que ya empezaron y que no cortaré. La vida no está hecha para descansar.

La noche llegó. Me bañé, arreglé la mayoría de mis cosas y dormí. A la mañana siguiente comí lo que me quedaba. Bajé. Pedí un taxi que llegó en 5 minutos. Mientras tanto, en la recepción un cliente discutía con un encargado sobre un pago aparentemente no realizado por el primero. Era un verdadero punto muerto, un impasse. En qué habrá quedado. Subí al taxi y fui al aeropuerto. Allí compré un búho pequeño y colorido de cerámica que, después de pocos meses, terminaría regalando a una roquera de corazón inmenso a quien estimo y aprecio bastante.

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Paseo en perspectiva. Ciudad. Modernidad. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.

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Ya en el avión, leí un magnífico artículo de Ignacio Cueto, gerente general de LAN, para la muy buena revista In, como los que suele escribir. Allí decía que,

[e]n estos tiempos de “hiperconectividad”, nos resulta cada vez más difícil hacer esa valiosa pausa y detenernos un momento para pensar sobre lo que hemos hecho este año, qué aprendimos de cara al próximo y qué queremos hacer. Es cierto que este 2015 que termina seguramente será recordado por muchos de ustedes como un año difícil y que no deja indiferente a nuestro continente, pero al momento de hacer esta reflexión personal, vale la pena conectarnos con lo que realmente queremos vivir y lograr, destacando los momentos positivos, únicos e irrepetibles.

No hay forma de creer que un sentimiento no es “positivo, único e irrepetible”, o al menos las dos últimas características. A través de un sentimiento es que puede explorarse las profundidades del ser, a veces dando paso a mucho dolor, pero también descubriendo qué es lo que realmente se quiere y a quién o quiénes realmente se quiere, y qué se estaría dispuesto a hacer. A través del sentimiento es que se puede superar los miedos, lo cual no implica desaparecerlos necesariamente, sino el solo hecho de volver al movimiento a pesar de ellos y levantar la cara. El sentimiento lo es todo. Por él caes, pero también por él te elevas al infinito.

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Solo para terminar, es a esa chica que estuvo desde un inicio en mis pensamientos a quien le dedico estas palabras, con las cuales cierro esta historia de cinco capítulos en Juliaca y Puno.

Llegaste a representar una gran inspiración para mí, fuiste la más linda ilusión. Como te mencioné una vez, cuando necesites un amigo, podrás contar conmigo. Si algún día lees esto, te deseo lo mejor. El mundo cambia, cambia y jamás deja de hacerlo, pero gracias. Siempre, gracias.

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